Tremendo Alta Gracia

No saqué fotos porque había una chica sacando fotos y después me colgué, no se las pedí a tiempo, y bueno, ahora quiero contarles que anoche en el Cañito Cultural – Alta Gracia nos desbordó la cantidad de gente y fue una fiesta, sí, a pesar de todo, después de una semana demoledora, fue una fiesta. Nos quedamos sin sillas, pero no sólo nos quedamos sin sillas, la enorme mayoría de la gente vio el show de pie o sentada en el piso. Yo no sabía muy bien cómo iba a ser la cosa porque los ánimos vienen por el piso, pero no tuve que hacer nada, la gente sola se convirtió en un mar de buena onda y nos empezamos a reír de la desgracia, de la censura ridícula de don Becerra, del resultado de las elecciones, y ahí empezó a fluir todo , un show con parte del público bajo techo y mucha gente en el patio, poniéndole la mejor de las energías.
Yo me preocupé especialmente en una chica a la que le daba una luz que no era del lugar pero que la dejaba a la vista entre una pequeña multitud que se había vuelto casi toda indistinguible debido a la oscuridad del patio y mi miopía.
Siempre elijo a alguien del público como referencia, alguien a quien le dé algún tipo de luz (no siempre pasa) y que se ría pero no demasiado, que no exagere, porque si exagera, me tiento. Anoche esta chica tenía un vestido a lunares y se reía como si supiera que tenía que mantener el equilibrio. No sé si se daba cuenta de que era una referencia, pero hacía como la gente que sabe que está siendo filmada, que de vez en cuando se olvida y luego lo recuerda y que baja la cabeza con una mínima timidez. Bajo techo, la gente estaba toda iluminada, hay que decirlo, y yo miraba más hacia el patio por una cuestión de vestido con lunares. Esta chica vio casi todo el show parada. Son dos horas. Una hora cuarenta y cinco para ser mentiroso. Sobre el final se sentó y yo supe que tenía que ir cerrando.
A mi derecha había un colchón para niños, pero a medida que los chicos se iban cansando (jeje… siempre es una batalla, y cuando se duermen pienso “te gané, pendejo”) el colchón iba siendo ocupado por gente con vasos y cero preocupación por cómo podrían los demás interpretar cierta horizontalidad en la posición del espectador. Se iban como acostando, y entonces las risas sonaban más como si vinieran de un aljibe de cerveza.
Recuerdo también que en la parte donde hablo de Néstor mucha gente se secó las lágrimas y una mujer en particular me las señaló, a sus lágrimas, un poco para que yo vea lo que había sucedido, otro poco para darle a su sonrisa un contexto. De hecho me señaló tanto su risa como sus lágrimas, con cara de “mirá lo que hacés” pero también con cara de “vamos a volver”.
¿Cómo es la cara de vamos a volver? ¿Cómo es esa cara hoy que casi medio país repite que no volvemos más? Tendrían que haber estado anoche en El Cañito y habrían tenido 160 respuestas a esa pregunta.
Cuando terminó todo me quedé a conversar con los chicos del lugar, un centro cultural hecho a pulmón y corazón, con radio cooperativa (ahí funciona ahora la Radio Tortuga). Me ofrecieron lo único que había quedado en la barra: vino con coca. Rechacé la oferta porque me dolía un poco la cabeza, y 20 minutos después, en la Autopista, control de alcoholemia. “Sople”, me dijeron. Y yo como sabía que estaba todo bien, soplé. Soplé con fuerza. Soplé incluso con alegría. En el aparatito salió “viento del sur, con alto contenido de vamos a volver”.

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