Impagable

“Es impagable porque nos hiciste reír”, gritó Hebe cuando yo estaba explicando que cada expectador debía ponerle un valor al show que estaba terminando.
La gente la aplaudió y por propiedad transitiva yo me sentí aplaudido. Injustamente aplaudido, y lo dije: yo estaba dando una mano ahí, sí, pero lo mío era una noche, un show, dos horas al palo… las Madres y los que trabajan junto a ellas hacen un esfuerzo mucho mayor TODOS LOS DÍAS desde hace 40 años.
Yo todavía no sé cómo hago para actuar frente a ellas y que no me tiemble todo. No es profesionalismo. No es entrenamiento. Creo que hay algo que me fortalece cuando me desarmo de admiración y de amor, creo que algo misterioso me obliga a mantenerme en pie, como si me dijeran “ella se mantuvo en pie cuando le arrancaron a su hijo, ¿te vas a caer vos por puro nervio?”.
La sala, anoche, explotó. Otra vez no saqué fotos, y aunque esta vez sí me acordé de pedirle a uno que sí había sacado, en ninguna se ve la multitud, las 180 personas que fueron a darles una mano a las Madres y a los ya ex trabajadores de la Universidad que renunciaron a sus empleos para seguir junto a ellas.
Fue un shpw atípico, porque lloré dos veces en el colmo de mi amateurismo emocional, e hice el show mucho, mucho más corto, porque ya no me daba el espíritu para seguir llorando arriba del escenario, pero tengo una explicación: antes del espectáculo, entré a saludar a Hebe.
Ella estaba con Miguel Funes, diputado de la provincia de Buenos Aires y una de las personas siguen a las Madres a todos lados.
Cuando yo llegué, Hebe le estaba mostrando unos cuadernos. “Mirá”, me dijo, “este fue el primer cuaderno en el que tomé nota de todo lo que estaba pasando”.
Era un cuaderno de 24 hojas, de esos finitos, rayado, opacado por el paso del tiempo.
Luis Zarranz, uno de los pibes que renunció cuando le dijeron que la Universidad de las Madres ya no tanía nada que ver con las Madres, sostenía el cuaderno. Yo estaba parado a su lado. Luis señaló la primera página, la primera inscripción.
Era la fecha en que se llevaron al hijo mayor de Hebe, 8 de febrero del 77. “Procedimiento”.
El segundo renglón decía “9 de febrero” y el nombre de un policía al que Hebe le quería consultar sobre su hijo.
El tercero, 10 de febrero. “Habeas corpus”.
Y así.
Con el temblor de una letra manuscrita aún no educada en el arte de las cartas de resistencia.
En la segunda página comienza un listado de dos carillas: todas las comisarías que debía visitar.
Imaginate escribir un listado de todas las comisarías de tu ciudad porque las tenés que recorrer para preguntar si saben dónde está tu hijo.
Al lado de cada dirección de cada comisaría, la palabra “negativo”.
El cuaderno es increíble: es un registro de todo lo que hizo Hebe esos primeros días después de la desaparición del primero de sus hijos desaparecidos. Luis encontró un párrafo que dice algo así (no recuerdo exactamente) “Hay una mujer, Azucena”.
Yo alcancé a leer un listado de oficiales y suboficiales. “Pedí reunión con Fulano. Rechazada”.
Mientras leíamos eso, Hebe me pidió que me siente. Le dije que no podía ni moverme.
Con una mezcla de risas y lágrimas, nos explicó que al leer eso se da cuenta de que esos días andaba loca y que no puede creer lo ingenua que fue, porque creía que algún militar la iba a recibir y le iba a decir qué había pasado con Jorge.
Después de eso, la acompañé al Auditorio, la multitud la recibió de pie y con aplusos. Luis me presentó, me subí al escenario. Miré hacia el público. Hebe. Porota. Visitación.
Pensé en mis hijos. En lo que haría yo si me pasara lo que les pasó a ellas. Pensé que tengo 39 años, que ellas llevan 40 en la pelea… pensé que habrán tenido mi edad cuando empezaron a reunirse en la Plaza, vi el cuaderno de Hebe pasar por mi cabeza una y otra vez, y las vi a las Madres ahí, en la primera fila, con aplausos que no merezco.
Ese fue el motivo por el cual el show fue más corto de lo habitual. Pero ese también fue el motivo por el cual ese show aún no termina y yo sigo ahí parado, tratando de articular una palabra justa que no sé si existe y diciendo gracias de un modo insuficiente.

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